Pablo González, un preso español de la indiferencia y el monopolio informativo

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

12 julio 2022

Santiago González Vallejo 

El Grupo de apoyo a Pablo González ha organizado un acto reivindicando su inocencia y su libertad. Pablo González es un periodista hispano–ruso, descendiente de una de esas hijas de la guerra civil que se instaló en la URSS, de ahí su conocimiento de la lengua rusa y de su doble pasaporte, ruso y español. Está preso desde el día 28 de febrero cuando estaba cubriendo informativamente la llegada de refugiados ucranianos en la frontera polaca, siendo acusado de ser un espía por parte de las autoridades polacas y poner en peligro la seguridad interna y externa de dicho país. 

El acto ha sido en el Hogar Vasco (Euskal Etxea) de Madrid, cercano al Congreso de los Diputados, este jueves 7 de julio. 

Su compañera y madre de sus hijos, Oihana Goirena, desde su hogar y en video conferencia, señaló las circunstancias de la detención de su compañero. Pablo González fue detenido cuando estaba pendiente de entrar en directo en un programa de televisión de La Sexta, cubriendo el éxodo de refugiados ucranianos. Está acusado de ser un espía, en estos tiempos de satélites y tecnología. 

Semanas antes, había cubierto la actualidad en Ucrania y había vuelto a España. Después, se fue a la frontera polaca, donde fue detenido. En su día, había cubierto el conflicto que se está desarrollando en la región rusófila del Donbass. Estas actividades periodísticas habían ocasionado que los servicios de información ucraniano fueran recelosos del ejercicio profesional de Pablo y, se supone, habrían solicitado al servicio de información español, CNI, dependiente del Ministerio de Defensa, más información sobre su persona. El CNI se puso en contacto con la mujer de Pablo para recabar datos de la actividad profesional de su pareja y, se supone, que pasó esa información a los ucranianos (y polacos, más tarde). 

Reprochó que, si bien los servicios consulares españoles la informan sobre la situación de su pareja, no tiene constancia de ninguna intervención relevante y eficaz del ministerio de exteriores español ante las autoridades polacas. Pablo lleva más de cien días preso, prorrogado hasta agosto su detención sin haber trasladado las pruebas de las acusaciones y su familia no ha podido comunicarse con él en su 40 cumpleaños. 

Los datos públicos conocidos son que Pablo González es periodista; que ha estado ejerciendo su profesión en varios medios, Gara, La Sexta y Público, etc., cubriendo antes de la guerra y en la misma diferentes frentes, perspectivas y consecuencias del conflicto; sus crónicas no eran muy favorables al sesgo uniformador de la prensa ‘occidental’ y nadie ha demostrado falsedad de sus informaciones; el ejército polaco le ha detenido, metido preso, acusándole de espía, pero sin aportar los fundamentos de prueba. También, que ha estado incomunicado y que las autoridades polacas le han puesto sucesivamente abogados de oficio, pero no ha podido comunicarse con su abogado de elección. El actual abogado polaco, que asiste en su defensa, tiene prohibido dar información procesal a la familia o al abogado español que ha sido contratado por la familia. Además, este abogado polaco tiene que dirigirse al fiscal del caso, que es el que debe sustanciar la acusación, para cualquier aspecto de la defensa, rompiendo cualquier atisbo de confidencialidad. 

José Antonio Martín Pallín, antiguo fiscal y magistrado, valoró que, con los instrumentos jurídicos vigentes, suscritos por Polonia como socio de la UE, se podría acudir al Tribunal de Justicia de la UE, por la quiebra polaca de la Carta Fundamental de Derechos Humanos. En este caso, existe la posible limitación que Polonia puede argüir, de no haberse agotado los procedimientos judiciales en dicho país. También, González se podría acoger a los procedimientos previstos del Espacio de libertad, seguridad y justicia europea, suscritos por Polonia y España. Pero ante la inacción gubernamental española, Martín Pallín ve más viable acogerse individualmente, sin necesidad de intervención estatal, al procedimiento del Grupo de Trabajo sobre detenciones arbitrarias de las Naciones Unidas, dado que Polonia no ha fundamentado la detención con transparencia. 

Ana María Pascual, periodista de Público, mostró su pesadumbre sobre el escaso eco informativo que tiene la detención de Pablo González. Los medios, resaltó Pascual, están muy alineados con una sola narrativa sean cuales sean los hechos y Pablo González está a contracorriente de ese monopolio narrativo. Estas mismas reflexiones fueron reiteradas y amplificadas por los participantes en el acto, entre ellos Teresa Aranguren que resaltó el doble estándar que los poderes ejercen, en función de sus alineamientos políticos. Otros resaltaron la mudez de las Asociaciones de la Prensa, Universidad ante la censura y veto institucionalizado a medios rusos, acusándolos de propagandistas, cuando no se resalta lo suficiente la persecución o indiferencia de esas mismas instituciones y gobiernos ‘occidentales’ a Assange o la complicidad de distintos gobiernos españoles con los estadounidenses ante los crímenes de Juantxo Rodríguez en Panamá o José Couso en Iraq. También, en esta deriva de censuras selectivas, al proyecto de ley de seguridad nacional.  

Por su parte, la abogada de la Asociación Libre de Abogados, Silvia Arribas, participante en el acto, recordó que Polonia ha sido sancionada porque su Tribunal Constitucional y Supremo han dictado sentencias en las que consideran que la legislación nacional está por encima de la comunitaria. Pero es que, en el caso de la detención y acusación a Pablo González, Polonia está saltándose hasta 14 artículos de Declaraciones y Convenios Internacionales de Derechos Humanos y Civiles, sin que haya habido un enfrentamiento efectivo de las autoridades españolas o europeas. 

El Grupo de Apoyo a la Libertad de Pablo González y los reunidos que llenaron la sala de Euskal Etxea acordaron seguir haciendo actividades reclamando la Libertad de Pablo, incluyendo aquellas que pongan de relieve la inacción (y complicidad) de las autoridades españolas. 

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