Palestina, refugiados y derecho al retorno

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

25 septiembre 2008

Este año 2008 es el número sesenta del problema de los refugiados palestinos. Un pueblo, el palestino, es desplazado de sus lugares de origen, violentamente, porque se quiere ocupar su territorio por parte de un movimiento excluyente, el movimiento sionista. Éste cuenta con atractivo cultural y religioso, pero sobretodo con aliados gubernamentales y logra confundir moralmente a la opinión pública porque el objeto de su misión, ‘los judíos’ han tenido en Europa una persecución asesina, omitiendo la existencia de un pueblo palestino al que se quiere desplazar.

Esta tragedia, nacida en los años cuarenta, no ha acabado. Los cerca de cinco millones de refugiados palestinos desplegados en los países limítrofes, en la propia Palestina histórica, ya sea en los Territorios Ocupados o en el mismo Israel siguen reclamando la aplicación del Derecho Internacional recogido en las Resoluciones de las Naciones Unidas, del Derecho al Retorno. De hecho, en los debates que tuvieron lugar en el FSMM se recordó que una de las condiciones que aceptó Israel para ser miembro de las Naciones Unidas es que permitiera la vuelta de los refugiados palestinos a sus hogares.

Frente al drama palestino, Al Nakba, la comunidad internacional no ha tomado las decisiones necesarias para lograr el retorno palestino, ni ha puesto esa condición –como en otros lugares de los Balkanes o Grandes Lagos- como una condición de normalidad con el estado infractor. En su día estableció un organismo humanitario, la UNRWA (que realizó una exposición sobre su labor), con aportación voluntaria, que malsostiene la supervivencia de refugiados palestinos que, en algunos lugares como Líbano y en toda Palestina, carecen de un horizonte de un mínimo proyecto vital digno. Hay un determinismo sionista de hacerles desaparecer jurídica, política y, si fuera ello posible, humanamente. De ahí, el ensañamiento que reciben para que se vayan. Para que pierdan su identidad.

El FSMM, desde los primeros preparativos, quiso revertir, por lo menos iconográficamente, esa intención de la alta política. Por ello, quiso resaltar la conmemoración de los 60 años del desastre palestino, Al Nakba, y dió la palabra en la inauguración a Rajja Derbashi del campo de refugiados de Baqa, el mayor campo en Jordania. Ella consiguió transmitir sufrimiento, reclamación, esperanza de su pueblo y conquistó los corazones porque no pudo resistirse a la emoción, tras cantar Luís Pastor una canción, para ella lógicamente incomprensible, y desbordar con sus lágrimas y su sonrisa al sentirse querida, y entonar una canción palestina que habla de ellos, de los hombres y mujeres, de los niños que dignamente reclaman volver a sus hogares y reconstruir una vida.

Salah Salah, refugiado de El Líbano, Premio Juan María Bandrés de Derechos Humanos de la Fundación CEAR, y miembro el Consejo Nacional Palestino, intervino en el Plenario dedicado a los refugiados donde hizo un itinerario no sólo histórico, referenciando que la resolución del problema de los refugiados palestinos es condición sine qua non para lograr una paz justa en la región. Si no se quiere dar, seguirán las tácticas dilatorias, que profundizan en la ocupación y coloniaje israelí. Pero eso no hará otra cosa que incrementar el sufrimiento palestino y deshumanizar a los israelíes, manteniendo la resistencia y la inestabilidad de la región y del resto de los países de esta aldea global.

Los movimientos sociales, todos ellos integrantes de la Red Solidaria contra la Ocupación Palestina, junto a organizaciones palestinas, también organizaron seminarios y talleres, donde se profundizaron aspectos históricos, jurídicos (incluyendo los ejemplos de problemas de refugiados y su encauce en otras partes del mundo antes mencionados) y la necesidad de construir movimientos y forjar alianzas semejantes a las campañas anti apartheid que lograron movilizar a las personas, después a las diversas organizaciones y después a la política de los Estados para acabar con la impunidad, el racismo y el colonialismo existente en Sudáfrica que contaba con importantes complicidades capitalistas y occidentales. En ellas estuvieron refugiados de Líbano, Jordania, Palestina e incluso ciudadanos palestinos con pasaporte israelí.

El FSMM, por último, consecuente con su proclama, hizo del Muro (de los Muros) una denuncia de cómo el poder intenta agredir a las personas. El Muro ilegal que se construye en Cisjordania, el bloqueo de Gaza, la esquilmación del agua, el arranque de olivos y la expropiación o destrucción de viviendas crea nuevos refugiados.

Todo esto conllevó la reiteración por parte de los movimientos sociales del FSMM de defender el derecho al retorno, al rechazo al racismo y a la colonización. Lo primero, aún siendo lógico, se produce en un momento en que la estrategia sionista prima que sea ‘olvidado’ por una supuesta agilización de un diletante Proceso de Paz que no incluye entre sus postulados la paz justa y que se quiere reducir al resultado de una correlación de fuerzas. Por eso, esta demanda debe ser un aldabonazo a las conciencias y a la acción política para lograr de los Gobiernos una implicación en la consecución del derecho internacional.

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