El FSMM reivindica el derecho al retorno de los casi cinco millones de refugiados palestinos

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

1 octubre 2008

Este año 2008 es el número sesenta del drama de los refugiados palestinos. Un pueblo, el palestino, es desplazado violentamente de sus lugares de origen porque se quiere ocupar su territorio por parte de un movimiento excluyente, el movimiento sionista. Éste cuenta con atractivo cultural y religioso, pero sobre todo con aliados gubernamentales, y logra confundir moralmente a la opinión pública porque el objeto de su misión, “los judíos”, han tenido en Europa una persecución asesina, omitiendo la existencia de un pueblo palestino al que se quiere desplazar.

Esta tragedia, surgida en los años 40, no ha acabado. Los cerca de cinco millones de refugiados palestinos repartidos por los países limítrofes, en la propia Palestina histórica, ya sea en los Territorios Ocupados o en el mismo Israel, siguen reclamando la aplicación del Derecho Internacional recogido en las Resoluciones de las Naciones Unidas: el derecho al retorno. De hecho, en los debates que tuvieron lugar en el FSMM se recordó que una de las condiciones que aceptó Israel para ser miembro de las Naciones Unidas es que permitía la vuelta de los refugiados palestinos a sus hogares.

Frente al drama palestino, Al Nakba, la comunidad internacional no ha tomado las decisiones necesarias para lograr el retorno palestino, ni ha impuesto esa condición al Estado infractor como sí lo hizo en los Balcanes o la región africana de los Grandes Lagos. En su día estableció un organismo humanitario, la UNRWA (que realizó una exposición sobre su labor el FSMM), que se nutre de aportaciones voluntarias y sostiene de manera precaria la supervivencia de refugiados palestinos que, en algunos lugares como Libano y en toda Palestina, carecen de un horizonte de un mínimo proyecto vital digno. Hay un determinismo sionista de hacerles desaparecer jurídica, política y, si fuera ello posible, humanitariamente. De ahí, el ensañamiento para que se vayan. Para que pierdan su identidad.

Rajaa Derbashi. – Desde los primeros preparativos, el FSMM quiso revertir, por lo menos iconográficamente, esa intención de la alta política. Por ello, quiso resaltar la conmemoración de los sesenta años del Al Nakba y dio la palabra en la inauguración a Rajaa Derbashi, presidenta del campo de refugiados de Baqa, el mayor de Jordania. Ella consiguió transmitir sufrimiento, reclamación, esperanza de su pueblo y conquistó los corazones porque no pudo resistirse a la emoción, tras cantar Luis Pastor  una canción, para ella lógicamente incomprensible, y desbordar con sus lagrimas y su sonrisa al sentirse querida y entonar una canción palestina que habla de ellos, de los hombres y mujeres, de los niños que dignamente reclaman volver a sus hogares y reconstruir una vida.

Salah Salah, refugiado en el Líbano, ganador del VI premio Juan María Bandrés que otorgan CEAR y la Fundación CEAR y miembro del Consejo Nacional Palestino, intervino en el plenario sobre refugiados e hizo un itinerario no sólo histórico, insistiendo en que la resolución del problema de los refugiados palestinos es condición sine qua non para lograr una paz justa en la región. Si no se busca ésta, seguirán las tácticas dilatorias, que profundizan en la ocupación y colonialismo israelí. Pero eso no hará otra cosa que agudizar el sufrimiento palestino y deshumanizar a los israelíes, manteniendo la resistencia y la inestabilidad de la región y del resto de los países.

Muro ilegal. – Los movimientos sociales integrados en la Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina, junto a organizaciones palestinas, también organizarán seminarios y talleres en los que se analizaron aspectos históricos y jurídicos (incluyendo los ejemplos de problemas de refugiados y su encauce en otras partes del mundo), así como la necesidad de construir movimientos y forjar alianzas semejantes a las campañas antiapartheid, que lograron movilizar a las personas, después a diversas organizaciones y más tarde a los Estados para acabar con la impunidad, el racismo y el colonialismo existentes en Sudáfrica hasta principios de los años90, que contaba con importantes complicidades capitalistas y occidentales. En estas actividades participaron refugiados de Líbano, Jordania, Palestina e incluso ciudadanos palestinos con pasaporte israelí.

El FSMM, por último, consecuente con su proclama hizo del Muro (de los Muros) en denuncia de cómo el poder intenta agredir a las personas. El Muro ilegal que se construye en Cisjordania, el bloqueo de Gaza, la esquilmación del agua, el arranque de olivos y la expropiación o destrucción de viviendas crean nuevos refugiados.

Todo esto acrecentó el compromiso de los movimientos sociales del FSMM en defender el derecho al retorno de los refugiados palestinos al rechazo al racismo y a la colonización sionista. Lo primero, aun siendo lógico, se produce en un momento en que la estrategia sionista prima que sea “olvidado” por una supuesta agilización de un diletante Proceso de Paz que no incluye entre sus postulados la paz justa y que se quiere reducir al resultado de una correlación de fuerzas. Por eso, esta demanda debe ser un aldabonazo a las conciencias y a la acción política para lograr de los gobiernos una implicación para que el Derecho Internacional sea respetado.

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