El futuro de Palestina está en manos de funámbulos

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

11 enero 2009

Es un axioma, ahora incontrovertible, el que los Acuerdos de Oslo o los diferentes planes diseñados por otros y aceptados por la dirigencia palestina, han servido, ante la carencia de un arbitraje sancionador internacional, y la propia debilidad palestina, como anestesia popular -y de una interesada diplomacia- para que la política sionista israelí continuase en sus acciones de colonización y hechos consumados.

Es un axioma, ahora incontrovertible, el que los Acuerdos de Oslo o los diferentes planes diseñados por otros y aceptados por la dirigencia palestina, han servido, ante la carencia de un arbitraje sancionador internacional, y la propia debilidad palestina, como anestesia popular -y de una interesada diplomacia- para que la política sionista israelí continuase en sus acciones de colonización y hechos consumados.

Es cierto que la OLP, la Autoridad Palestina, Al Fatah repiten los criterios mínimos acordados en su Congreso de Argel o los aprobados por la Cumbre árabe de Beirut de 2002. Pero, informalmente, o por medio de filtraciones ya públicas, sus rectores hablan de aceptar unas fronteras -¿las diseñadas por el Muro del apartheid?- y disculparían que al oeste de ellas, los israelíes construyan lo que quieran, con el fin de que se concretice no se sabe qué Estado palestino y justificar la deriva claudicante de su liderazgo, con dudosa legitimidad y legalidad palestina.

Las enésimas ‘negociaciones’ que empezaron el 2 de septiembre vienen precedidas por el abandono de la Administración Obama del requisito de que los israelíes no continuasen su política de profundizar la colonización de los territorios ocupados. Su presión al dirigente de la OLP Abbas para que aceptase negociaciones directas con el Gobierno israelí tienen más que ver con lo que puedan servir para mejorar su imagen entre el electorado centrista estadounidense que otras consideraciones.

Por todo ello, no es de extrañar que otras organizaciones palestinas no reconozcan a la OLP, con dirigentes funámbulos, o que quieran  marcar distancias entre ellas y el aparato que controla a esta sigla y que es la que tiene capacidad jurídica para representar a todos los palestinos.

Y, también, que los internacionalistas rechacen la anestesia de una colonización sionista servida con el cloroformo de una cháchara cómplice de la diplomacia internacional, en la que participan gustosamente los europeos mientras que consolidan sus relaciones con el Estado israelí ejecutor del ninguneo vital palestino.

La resistencia palestina ha reclamado que se extienda la Campaña de Boicot, Sanciones y Desinversiones. Los internacionalistas forjan acciones como las denuncias judiciales contra Israel en sus propios países o el de la Flotilla que señala el bloqueo israelo-egipcio-internacional de Gaza como prueba de la verdadera naturaleza de la alianza sionista con la diplomacia internacional. Esas y otras acciones son elementos que señalan que la lucha continúa y que la búsqueda de una paz justa sigue vigente.

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