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La catarsis de la palestina Gaza revuelve la inconsistencia europea

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

18 diciembre 2023

La impunidad recibida por Israel durante décadas resuenan en la afirmación del secretario General de la ONU Antonio Guterres de que los ataques del día 7 no vienen de la nada, sino de 56 años de ocupación

Los datos son conocidos: Arabia Saudí, la penúltima ficha del tablero, iba a reconocer a Israel, obviando su propio plan de paz de Beirut que consistía en un reconocimiento de todos los países árabes a Israel, a cambio de un Estado palestino en las fronteras de 1967 (22 % menos que el propuesto en la partición de la Palestina histórica de 1947). Lo que se denominaba paz a cambio de territorios. La Autoridad Palestina recibiría dinero y se le admitiría cierta retórica de rechazo, pero sin que se revelase. Los Acuerdos de Abraham, promovidos por la presidencia de Trump y acogidos con beneplácito por la UE, por los que los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos reconocían a Israel y llegaban a acuerdos de todo tipo, como el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, habían dejado obsoleto al plan saudí. Fruto de todo lo anterior, permitía al primer ministro israelí, Netanyahu, presentarse en septiembre en las Naciones Unidas con un mapa donde toda la Palestina histórica, nada de Cisjordania o Gaza en otro color, era ya Israel. El sueño sionista de normalización y colonización cumplido.

Abundando a lo anterior, de inexistencia del problema palestino, existía un acuerdo logístico entre India, Emiratos, Arabia Saudí, Jordania e Israel en competencia a la Ruta de la Seda promovida por China. Esta pugna en búsqueda de la multipolaridad política y económica, había alcanzado un éxito diplomático al lograr que Arabia Saudí restableciera relaciones con Irán, y que ambos Estados entrasen en el BRIC, que busca, entre otras cosas, una mayor autonomía respecto al dólar y a su emisor. Pero, en todo caso, al igual que Rusia, China tiene unas prioridades por encima del problema palestino.

La causa palestina, la autodeterminación del pueblo palestino que incluye a los refugiados, el 6 de octubre estaba cuasi muerta. Sí, había violencia y muertos diarios en Cisjordania, la desposesión palestina con los asentamientos se profundizaba y periódicamente había sangrías en Gaza y alguna violencia residual contra los israelíes, pero los agentes políticos y Estados de la Comunidad internacional (delimitada por los países anglosajones y los europeos) e Israel, lo aceptaban mientras fuera de baja intensidad y no aparecieran en los televisores. La Autoridad Palestina y la agotada OLP, sin voluntad o capacidad de regenerarse, protestaban, pero sin credibilidad, ni autoridad moral ante los propios palestinos.

El 7 de octubre catalizador de las contradicciones del discurso y las no acciones europeas

El estallido de violencia del 7 de octubre con la filtración desde la palestina Gaza, de milicianos de diferentes facciones, a territorio (conquistado) israelí, tenía la intención de secuestrar israelíes para un posible intercambio con los miles de presos palestinos, como ocurrió en 2011. Todavía no sabemos la cifra de muertos y cuántos de ellos fueron producto de fuego amigo de los propios israelíes. Y no es casual esta falta de datos.

Netanyahu sabe que la sociedad israelí no le perdonará los errores propios y la burla que las milicias palestinas, con mínima sofisticación de aparataje bélico, han realizado a un Israel omnipotente. Esta idea, junto a las masivas protestas por parte de la sociedad liberal israelí contra su gobierno por el cambio de las leyes que rigen su Tribunal Supremo, hace que sea un cadáver político.

Pero no es sólo la venganza o su testamento lo que está produciendo la masacre a los gazatíes y una represión mortífera en Cisjordania.

Antes del 7 de octubre, había planes y estudios especulativos para lograr un Israel (Palestina) sin palestinos. Una deportación o una emigración de 50.000 palestinos a cada uno de diez países que se ofrecieran, una deportación (o transferencia en ese vocabulario estudiado de mercadotecnia) de cientos de miles gazatíes al Sinaí egipcio y la naturalización como jordanos de los palestinos de la Cisjordania.

Los palestinos han puesto miles de vidas en la mesa y éstas pueden servir de catarsis para, a lo mejor, agrietar la inercia de la colonización existente y normalización deseadas por los israelíes.

La sangre palestina ha roto la inercia saudí. No puede reconocer a Israel. Egipto no puede, a pesar de que se le ofrecía condonar su deuda externa, asumir la recepción de una gran parte de la población gazatí. Las manifestaciones en la mayoría de los países árabes hacen que, incluso en Marruecos, sean unas relaciones frías.

El presidente Biden ha erosionado su base electoral por su desmedido apoyo acrítico a Israel. Las manifestaciones en Estados Unidos a favor del pueblo palestino, incluyendo voces de estadounidenses judíos, chocan con la mayoría de los lobbys pro israelíes institucionales. Por supuesto, nada hay que esperar del ámbito republicano. Esa disonancia entre instituciones y cierta parte de la población estadounidense es la que está produciendo una tenue modulación del discurso presidencial, que ya habla de recuperar algún espacio de negociaciones israelo palestino.

El premio de décadas de impunidad, desde su nacimiento, que ha recibido Israel se puede ver en el eco de las palabras con sentido común de Antonio Guterres, secretario general de la ONU, cuando dijo que los ataques del día 7 “no vienen de la nada”, sino tras “56 años de ocupación asfixiante”. No tuvieron un gran refrendo político internacional y, el gobierno israelí, sin sonrojo, pidió la dimisión de Guterres y, poco más, le tachó de antisemita. Algo parecido ha ocurrido con las palabras del presidente Sánchez, por el mero hecho de dudar públicamente del cumplimiento israelí del derecho internacional.

Es al supremacismo israelí, que gravita en el desprecio como ‘pueblo elegido’ a los habitantes originarios palestinos, al que hay que combatir, como se hizo con el apartheid sudafricano

La Unión Europea tiene poca autoridad moral, arrastrada por su doble vara de medir, comparando su política respecto a Ucrania y a Palestina. Además, existen en su seno visiones diametralmente opuestas, desde una Alemania secuestrada irracionalmente por la culpa freudiana del Holocausto, Hungría, Italia… volcadas en apoyar a este Israel haga lo que haga, a una España, Bélgica, Irlanda… propensas a recuperar el bálsamo de fierabrás de dos Estados. Y todos sin reconocer que son irreconciliables el sionismo y la convivencia. Es al supremacismo israelí, que gravita en el desprecio como ‘pueblo elegido’ a los habitantes originarios palestinos, con toda una panoplia de discriminaciones legales y sin querer hacer una rendición de cuentas (los refugiados, la política sistemática de desposesión hacia los palestinos) al que hay que combatir, como se hizo con el apartheid sudafricano.

La UE y la comunidad internacional tienen instrumentos para que la mayoría de los israelíes, que no ven a los palestinos como personas que puedan tener sus mismos derechos, vayan adquiriendo la idea del fin de la impunidad.

Si las colonias son ilegales, España, la UE pueden prohibir su comercio. España, la UE pueden pedir indemnizaciones por los bienes donados y destruidos, como el aeropuerto de Gaza. La UE puede suspender el Acuerdo de Libre Comercio con Israel por su vulneración de los derechos humanos y el derecho internacional. España y la UE pueden sancionar a las empresas que apoyan la colonización como las españolas COMSA, CAF y Edreams.

Deben, cumpliendo sus propias normas, acabar con la compra venta de armamentos y tecnología securitaria. Deben llevar a la Corte Penal Internacional a los ejecutores de crímenes de lesa humanidad. Considerar a los colonos como criminales…

España unilateralmente o el conjunto de la UE deben incluir acciones concretas, que representen grietas en el apartheid israelí y esperanza en el pueblo palestino

Es decir, que además de reconocer a un Estado Palestino, que puede ayudar a una mejora de la posición jurídica internacional de la representación palestina, España unilateralmente o el conjunto de la UE deben incluir acciones concretas, no sólo declarativas, que sancionen unos malos comportamientos y que representen grietas en el apartheid israelí y esperanza en el pueblo palestino. Pero para ello hace falta mantener la movilización y presión a nuestros gobiernos.

https://mundoobrero.es/2023/12/18/la-catarsis-de-la-palestina-gaza-revuelve-la-inconsistencia-europea/

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