La flotilla de la libertad y el porqué de ir a Gaza

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

3 julio 2015

Acaba de asaltar el ejército israelí el barco sueco Marianne en aguas internacionales del Mediterráneo. En él iban delegados internacionalistas y paneles solares que querían romper el bloqueo ilegal de Israel, la potencia ocupante.

El ejército israelí si lo ha podido hacer es por la complicidad de los gobiernos de la comunidad internacional que por un lado hacen declaraciones sobre la necesidad de que se logre un estado palestino y se cumpla la legalidad internacional y, por otro lado, siguen haciendo acuerdos con la potencia ocupante, Israel, que prosigue en sus acciones de colonización y saqueo de recursos, como el gas de las costas gazatíes. Sabiendo que iba a ocurrir un asalto pirata, como en las costas de Somalia, ninguna autoridad internacional ha propuesto defender el libre tránsito.

Todavía tenemos reciente en nuestras retinas los salvajes bombardeos y destrucción de Gaza del verano pasado. Según informaciones de las Naciones Unidas murieron 2.251 palestinos en Gaza y 27 en Cisjordania fruto de la represión. La destrucción de viviendas destruidas o afectadas fue de cerca de 100.000. Una central eléctrica, fundamental para la potabilización del agua, fue también destruida. Escuelas, hospitales y otras infraestructuras civiles también fueron dañadas, aún estando claramente identificadas y cuya destrucción forma parte de la estrategia israelí de tierra quemada.

Por fin, se paró esa matanza a finales de agosto, se realizó una tregua y posteriormente una conferencia en Egipto para encontrar acuerdos que paliasen la destrucción y medidas que evitasen, nuevamente, nueva violencia. Uno de los puntos de esos acuerdos era ampliar las millas donde los pescadores palestinos pudieran hacer su faena. Otro, levantar el bloqueo israelí, aunque se llevaba a una mesa posterior los detalles del mismo. Nunca ha habido esa mesa posterior. Los millones prometidos para la reconstrucción, una vez anunciados, se evaporaron en el camino de la concreción. Los materiales de reconstrucción, aunque sean para la UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos (cerca del 80 por ciento de sus habitantes son antiguos expulsados de sus casas en lo que ahora es Israel y sus descendientes), entran en Gaza con dificultades y de forma insuficiente. De hecho, el bloqueo israelí presente desde el año 2006 ha servido, entre otras cosas, para alimentar a la economía israelí que es la que suministra en una gran parte los bienes cuya financiación depende de la solidaridad internacional.

Israel destruye, actúa con impunidad, no paga indemnizaciones y se beneficia de los donantes. Como por ejemplo, el aeropuerto de Gaza, construido con los impuestos de los ciudadanos españoles en tiempos del Presidente Aznar, destruido por Israel, y que los sucesivos gobiernos españoles nunca han reclamado indemnización alguna, pero sí han firmado copiosos acuerdos de colaboración con la potencia ocupante, muestra de su complicidad. Complicidadque se extiende a la Unión Europea, Estados Unidos y al Cuarteto.

Ante eso, diversas asociaciones internacionalistas, de diversos países, ha puesto en marcha, un año más, una nueva flotilla, con la intención de llevar pasajeros y mercancía donada al puerto de Gaza (Palestina) y recoger nueva mercancía palestina para Europa, fomentando la economía local, atravesando siempre aguas internacionales.

La acción de la Flotilla, que no se va a detener hasta romper el bloqueo de Gaza, es una acción de defensa de los derechos humanos y del derecho internacional. No va dirigida contra nadie. Se hace después del reconocimiento diplomático de muchos estados a Palestina. En nuestro país, casi por unanimidad el Congreso se pronunció en ese sentido. Hay que dar pasos positivos para una paz con justicia. No ocasiona perjuicios a nadie que tenga planteamientos pacíficos de resolución de conflictos y de respeto al derecho internacional.

El apoyo a la flotilla de la libertad es un paso constructivo para romper el bloqueo. Un bloqueo, no lo olvidemos, que Israel ejerce si hay complicidad de las cancillerías internacionales. El resultado de las anteriores flotillas, recordemos el asalto del ejército israelí al barco civil Mavi Marmara de hace cinco años ocasionó diez asesinatos de internacionalistas. Israel no ha pagado nada por ese asalto. Ha habido un nuevo asalto pirata al buque Marianne. Ahora, la respuesta que dé España, la Unión Europea, la comunidad internacional debe ser en defensa del derecho internacional, salvar los otros barcos de esa Flotila y lograr que no haya un bloqueo, ni impunidad.

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