«Las dobles morales euromediterráneas»

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

1 marzo 2011

Tenemos dictaduras en repúblicas o monarquías sucesorias, en Siria y próximamente en Libia o Egipto. Túnez y Argelia son agujeros negros informativos. Marruecos hace dos pasos adelante y dos atrás, continuamente. Mauritania es una lotería de golpes de estado. Líbano tiene un sistema legal no democrático, ligado a una irreal clasificación de la población que fomenta el sectarismo. Jordania, por último, descansa en su acomodaticio papel subalterno de Israel, Estados Unidos o Arabia Saudí. La Autoridad Palestina no es autoridad sobre ningún territorio, no controla su economía, subsiste de la ayuda internacional y del rol que se la quiera hacer que representa en unas supuestas e interminables negociaciones y, por causa de la ocupación israelí, su población carece de Parlamento y posibilidad plena de control del ‘Ejecutivo’.

Hay dobles morales euromediterráneas o, mejor dicho, euro-árabes que se retroalimentan. Frente a ellas, sería conveniente que haya un discurso y unas prácticas coherentes a lo largo del tiempo por parte de la ciudadanía euromediterránea.

Este problema, quizá tiene una continuidad desde el hecho colonial y se ha consolidado con el doble rasero de lo acontecido desde la partición de la Palestina histórica por las Naciones Unidas, tras la II guerra Mundial.

Las relaciones inter europeas-árabes han sido, pues, conflictivas y tienen un trasfondo de agravios, reticencias relevantes que la evolución económica, las relaciones humanas y culturales, no han conseguido de momento solventarlas.

La inicial política europea, de inercia, mantuvo las relaciones generalistas privilegiadas con los Estados de las respectivas viejas colonias. Por lo que hay que remarcar que con el Proceso de Barcelona se pone en marca un esquema específico de relaciones. Los motivos son evidentes, por la proximidad geográfica, por reducir el evidente nivel de desigualdad entre las dos orillas con el consiguiente fenómeno masivo de migraciones, por tener una historia y culturas entrelazadas y otras muchas más razones que todos reconocemos.

El Proceso de Barcelona, nacido en 1995, fue un planteamiento de la Unión Europea para con sus vecinos de la cuenca mediterránea, en el aura de los Acuerdos de Oslo, que se presumían  iban a ser el preludio de un acuerdo definitivo entre el Estado de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, representante del pueblo palestino, incluyendo a los refugiados dispersos tras las sucesivas guerras y expulsiones de población de la Palestina histórica.

Pero había otros acontecimientos cercanos que hacían que los países y Gobiernos de ese espacio acelerasen sus compromisos y fueran expectantes y propositivos, aunque fuera por el miedo a ser desplazados de la agenda internacional. Hacía poco tiempo que se había producido la caída del Muro de Berlín, la unificación alemana, y la visión de la ampliación europea hacia el Este. Y esto influye para que ciertos estados europeos, con el Proceso de Barcelona, compensen lo anterior y amplificasen sus relevantes influencias clientelares en la zona.

También estaba reciente la primera guerra del Golfo que había precipitado la Conferencia de Madrid, donde se sentaron representantes israelíes y un delegación jordano-palestina (no había reconocimiento israelí de una entidad ‘palestina’) y también había discursos sobre la generalización de modernización y democracia, incluyendo a las naciones árabes.

Frente a este impulso del Proceso de Barcelona, con todas sus limitaciones, eurocentrismo, bilateralidad, presupuestos cortos para el volumen de ambiciones, ..su intento formal de conformar una hoja de ruta virtuosa, semejante para todos, ha derivado a la institucionalización de asimetrías y abandono real de cualquier compromiso con el discurso modernizador y democrático.

Su sucesor, la Unión para el Mediterráneo (UpM), nacida en el año 2008, tiene una arquitectura institucional entre iguales, en la que se construirán las políticas en el seno de un organismo ad hoc, Secretaría con personalidad jurídica propia, con cargos y presupuesto procedentes de los países miembros. Pero nace con los problemas no resueltos de la etapa anterior, la ocupación de territorios por parte de algún Estado y carencias relevantes en derechos humanos y democratización.

Es decir, las dobles morales ya existentes, entre europeos y árabes, en lugar de reducirse, se han ampliado y profundizado. Hay un cinismo e hipocresía que perturban y pueden dar al traste cualquier andamiaje institucional, nacido con una debilidad moral que deslegitima la bondad de proyectos regionales e iniciativas concretas, seguramente necesarias para toda la ciudadanía mediterránea.

Las dobles morales que forman parte de este imaginarium de relaciones inter europeas – árabes descansan en varios pivotes:

Israel acomete nuevas colonias y expropiación de terrenos de un no nato Estado palestino, al que deja inviable. La degradación que provoca la Ocupación israelí, violencia y represión, colonización económica, legislación racista, maltrato a ciudadanos israelíes de origen árabe, etc, etc. no han ocasionado una perturbación de las relaciones UE e Israel, sino que paulatinamente han mejorado. Deja sin significado el artículo 2 del acuerdo de Asociación UE-Israel, por lo demás, semejante al de otros Acuerdos de la Unión con terceros países, que dice: “Las relaciones entre las partes, así como los requisitos del Acuerdo en sí, estarán basados en el respeto a los derechos humanos y a los principios democráticos, que guiarán su política interna y constituirán un elemento esencial de este Acuerdo.»

La Unión Europea trata a Israel como un Estado ‘normal’, aunque esté ocupando otros territorios no contemplados en la resolución de las Naciones Unidas que aprueban la partición de la Palestina histórica, base de su legitimidad. Cosa que no hace la UE con otros Estados. No sólo es un partenaire ‘normal’ si no que participa en múltiples comités y programas europeos como un quasi miembro. En palabras de Javier Solana, antiguo Alto Representante de la UE, encargado de Asuntos Exteriores: «Israel, permítanme decirlo, es un miembro de la Unión Europea sin ser miembro de sus instituciones» .

Por otro lado, los países árabes no se han quitado los yugos de la colonización y tras ésta o de la tutela de esos años, ligada a monarquías corruptas, han pasado a regímenes a cual más cuestionable.

Tenemos dictaduras en repúblicas o mejor monarquías sucesorias, en Siria y próximamente en Libia o Egipto. Túnez y Argelia son agujeros negros informativos. Marruecos hace dos pasos adelante y dos atrás, continuamente. Mauritania es una lotería de golpes de estado. Líbano tiene un sistema legal no democrático, ligado a una irreal clasificación de la población que fomenta el sectarismo. Jordania, por último, descansa en su acomodaticio papel subalterno de Israel, Estados Unidos o Arabia Saudí. La Autoridad Palestina no es autoridad sobre ningún territorio, no controla su economía, subsiste de la ayuda internacional y del rol que se la quiera hacer que representa en unas supuestas e interminables negociaciones y, por causa de la ocupación israelí, su población carece de Parlamento y posibilidad plena de control del ‘Ejecutivo’.

En todos ellos hay carencias gravísimas de derechos humanos, económicos y sociales.

No se han construido mecanismos de participación y de control democráticos para ir, aún gradualmente, en paralelo a los acuerdos. No hay un seguimiento y ratificación de las Normas de la OIT para que el desarrollo económico y las inversiones exteriores y localización productiva estén ligado a la democratización laboral y a la cohesión social. Todo esto no ha ayudado a la auto reforma sindical.

Los regímenes árabes, durante mucho tiempo, han intentado justificarse o legitimarse excusándose en el enemigo exterior, que representaba Israel. Ya, apenas simulan esto y su misión de mantener unos privilegios pre modernos son sus objetivos.

La Unión Europea que dice tener unos valores de apoyo a la democracia, derechos humanos y desarrollo económico ha trazado un discurso que integra estos elementos con una práctica más pragmática. El planteamiento que predica es considerar que el crecimiento económico es una base que permitirá, en su día, y por la misma sociedad, los cambios oportunos de democracia, derechos humanos y desarrollo económico. De ahí que la opción resultante es incidir en los ámbitos económicos, y los grandes proyectos aprobados en la UpM elegirán partenaires diferentes en cada caso, para solventar la paralización institucional-política y soslayar cualquier agenda social colectiva.

Ya no hay una estrategia colectiva. El planteamiento europeo de ‘crear complicidades’, de ser ‘interlocutor’, etc., tanto con Israel como con el resto de los países árabes, tiene unas fallas relevantes, que lo hacen incoherente, hipócrita y cínico.

No hay una transparencia de medidas de estímulo o de sanción. Hay una discrecionalidad que permite que dos acciones idénticas tomadas por dos gobiernos, tengan respuestas diferentes por parte de la Unión Europea.

La consecuencia es evidente, la política de asociación, de vecindad y de estatuto avanzado son capas de cebolla que se irán otorgando, bilateralmente, sin que haya una necesaria contraprestación de ligazón al derecho internacional o a los derechos humanos, ni se correspondan a unos parámetros idénticos para todas las partes.

Los regímenes árabes buscarán acomodo a esa política europea y tratarán sus élites de mantener su estatus, aunque sea a costa de la población a la que representan.

Israel tendrá interlocución plena con la UE. Su comercio ninguna traba. La colonización sobre Palestina, tampoco.

Marruecos, anexionado el Sahara en contradicción con la legalidad internacional, puede hacer lo que considere oportuno dado que la Unión Europea ‘constata’ que controla el territorio saharaui.

Y esto no obsta, para afirmar que es una posibilidad razonable, que los saharauis si tuvieran ocasión de hacerlo, pudieran considerar los beneficios de pertenecer a Marruecos.

Parecería que hay un paralelismo en las actuaciones y consecuencias colonizadoras de Israel y Marruecos, en sus relaciones con la UE.

Túnez y Argelia seguirán siendo agujeros negros para las libertades. Mubarak sucederá a Mubarak. Y la lista del eje del mal, seguirá marcada por el Departamento de Seguridad estadounidense, llámense Siria o gobiernos no sumisos a la estrategia de dominación israelí en Palestina o Líbano.

Europa también ha perdido, si alguna vez pretendió tenerla, autoridad moral. Errores y carencias en la integración de la población migrante, trato instrumental a personas en función de su origen. Guerras étnicas. Desprecio y persecución de minorías. Islamofobia,…Que en el plano exterior se ha traducido en reforzar pautas clientelares por encima de estrategias democráticas y modernizadoras.

Ante esas cartas no marcadas en las relaciones euroárabes, hay una gran responsabilidad de la sociedad civil euromediteránea.

Que tampoco está exultante, Hay carencias de autonomía. Hay contradicciones en sus prioridades (unos se adaptan o son participes de esa estrategia europea frente a otros que reivindican un plano más social y de derechos humanos), etc.

Pero todo ello, lo que se señala, son los retos a cubrir. Y las dificultades de remover tantas inercias y obstáculos. Ya hay líneas de discusión a las que responder

La necesidad de reforzar las relaciones de asociaciones y sociedades de ambas orillas. Tener como guía unitaria los derechos humanos y el derecho internacional. Luchar contra la iniquidad, despotismo y corrupción. Trazar y reivindicar mecanismos solventes de participación y control democráticos en los proyectos, presupuestos y políticas y relaciones bilaterales o multilaterales. Denunciar a los Gobiernos si no los incluyen como elementos evaluadores de las mismas.

Tiene que haber un correlato entre el plano económico y político y el respeto al derecho internacional y los derechos humanos, económicos y sociales. No se deben de ampliar las ventajas a los infractores de las normas, frente a los que cumplen las normas. El diseñar mecanismos eficientes de estímulo a las buenas prácticas (incluyendo derogación de ventajas), si bien es complicado, tiene alicientes y resultados prácticos ya comprobados.

Las relaciones y el desarrollo económico tienen que ser estimulados junto a la universalización de derechos y garantías para un trabajo digno. Hacer Estado. Hacer Administración, con un sistema fiscal que cubra las prestaciones sociales.

En este sentido, hay que resaltar el trabajo de Redes, desde el Foro Sindical Euromed, al  de la Plataforma No Gubernamental Euromed.

Ayudarse unos a otros, forjar solidaridades.
Crear ciudadanía mediterránea.

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