Mandela, las empresas como actores de desarrollo y el Apartheid

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

16 diciembre 2014

El régimen del apartheid lo impone con violencia, un grupo humano, mayoritariamente de raza blanca, con diferentes grados de oposición (divide y vencerás) de otros grupos étnicos, incluyendo a los diferentes clanes, reinos y tribus de pueblos autóctonos africanos, de etnias negras.

Ese grupo blanco era ciudadano de esa República Sudafricana, pero el resto de las personas que vivían y habían nacido allí no tenían ciudadanía y eran considerados extranjeros, porque eran naturales de países de ficción, independientes, llamados bantustanes, que había creado dicho régimen del apartheid. Los blancos tenían un «sistema democrático”, con partidos y cámara legislativa.

Con ese sistema jurídico, las empresas de los blancos podían tener una legislación laboral y de extracción de beneficios más que beneficiosa para sus propietarios e incluso tener un « estado de bienestar » específico para los blancos y a quienes ellos dieran acceso.

Pero este régimen del apartheid tenía otros cómplices, las multinacionales que operaban en Sudáfrica o que comerciaban con ella.

Y aquí, es cuando introducimos otras variables más actuales, la Responsabilidad Social Corporativa, la empresa como actor de cooperación o de desarrollo y la Declaración de Busan, donde se incorpora a la empresa con ánimo de lucro en la arquitectura de las políticas oficiales al desarrollo.

¿Una empresa sudafricana en tiempos del apartheid o una empresa que comercializase con la Sudáfrica del apartheid en qué situación estaría con los nuevos instrumentos de consideración empresarial y políticas de desarrollo?
- Sin ningún problema podría tener elaborado todo un plan de RSC para los niňos diabéticos blancos y reciclar todo el papel para evitar talar árboles. Conclusión, una RSC no normativa, universal y obligatoria, que se traduzca en ley, no tiene mucho valor.
- Por otro lado, esa empresa podría trabajar en la antigua Rhodesia o en la actual Zimbabue en proyectos de desarrollo porque dicho país es pobre. Incluso en la Rhodesia de antes, cumplir la legislación laboral sudafricana o la rhodesiana –cooperación Sur-Sur, al fin y al cabo-, e incluso, si me apuran, puede hacer en un país –cumplir las normas de la OIT- lo que no hace en el suyo, o viceversa. Las multinacionales de hecho tienen diferentes normas laborales según se apliquen en la matriz o en las filiales, como ahora.
- La Sudáfrica blanca, antes de que estuviese en el ojo del huracán y se formasen coaliciones populares de boicot –que no los Estados occidentales- podría haber firmado la Declaración de Busan porque, para sus ciudadanos blancos –los otros hemos dicho que eran extranjeros e inmigrantes-, cumplirían las condiciones de trabajo decente, y habría una ‘promoción’ de derechos humanos, democracia y buena gobernanza.

El régimen del apartheid cayó, entre otras cosas por la presión exterior y el deterioro de imagen de las empresas que producían o comerciaban con Sudáfrica. Mientras tanto, Julio Iglesias, cantante, o los deportistas Ángel Nieto, Ballesteros y Orantes, todos espaňoles, obviaban la situación de los oprimidos y no sabían quién era Mandela y disfrutaban remuneradamente de esa Sudáfrica.

Luego, resumiendo, las empresas eran cómplices de esa situación del apartheid. ¿Citamos a las multinacionales implicadas…? Están todas ellas en el Nasdaq, Londres y otras plazas y tienen sus fundaciones filantrópicas y de lavado de imagen.

Por último, ¿el régimen del apartheid puede ocurrir ahora, se consentiría? Los gobernantes que han ido al entierro de Mandela dirían que no. Pero,…

Sí. Está ocurriendo y con igual complicidad, en mi opinión.

Las empresas y un sistema económico ‘nacional-estatal’ puede funcionar, si le dejan, con fórmulas similares al apartheid, de segregación, que beneficien a un grupo humano sobre otro. Ese régimen es el de la ocupación militar de un territorio por un grupo humano que esquilme los recursos económicos del otro y que tenga la economía del sometido en total dependencia.

Véase lo que está ocurriendo en la Palestina histórica, la situación del grupo humano palestino, sus no derechos como ciudadanos y la discriminación de derecho y de facto que sufren. Su economía colonizada y revirtiendo la ayuda internacional que reciben, como pobres, a la economía israelí. Ya la Confederación Europea de Sindicatos ha alertado del peligro que supone el comercio de las colonias israelíes que refuerzan la ocupación, ya hizo lo propio la Confederación Sindical Internacional. Pero es toda la economía israelí, y su población, la beneficiaria de este estado lamentable de discriminación y ocupación. Y ya es hora de que deje de ocurrir y combatir el apartheid, la ocupación y a sus cómplices, ocurra donde ocurra.

Escrito por Santiago González Vallejo, economista

 

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