Vergüenza sobre Gaza

Santiago González Vallejo

Economista. Ligado a diferentes asociaciones y plataformas. Cofundador del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ha trabajado en USO en acción sindical y en la Secretaría de Acción Internacional y Desarrollo Sostenible. Cree que un problema democrático es la falta de redistribución económica.

31 octubre 2004

Lo que está ocurriendo en Gaza, la operación del Ejército israelí de ‘Días de penitencia’ que consiste en ampliar una zona arrasada (llamada de seguridad), sin cultivos, árboles, olivos en concreto, sin viviendas que formen todo un perímetro desolado de las poblaciones y campos de refugiados palestinos, matando a todo lo que se mueva, más de cien personas, un tercio de ellas niños, es el preludio del plan de separación y desestimiento de Israel de los territorios que considere no absorbibles. Sea en Gaza o en zonas concretas de Cisjordania. La política de ocupación se reafirma en la pobreza, inhabitalidad de lo ‘no ocupado’, en la esterilidad que se promueve.

A su vez, la escasa respuesta internacional y la indiferencia de los medios de comunicación ante este episodio de la tragedia palestina revelan que la impunidad con que actúa el Gobierno Sharon puede prolongarse hasta culminar una ‘separación’ israelo-palestina en que los últimos dispondrán de una colección de bantustanes y sus habitantes con un horizonte vital dependiente de agencias internacionales, la emigración o la absorción por los países vecinos.

Los Gobernantes israelíes, ya sean del Likud, laboristas o de cualquier formación sionista (para poder presentarse a las elecciones en Israel todo partido tiene que aceptar que Israel es un estado judio) siempre tuvieron presente en sus diferentes estrategias el ‘peligro demográfico’. Éste, para los sionistas, era la posibilidad de que la población árabe tuviera mayor número que la población ‘israelo-judia’. La necesidad, pues, de asimilación de drusos, beduinos y marginalmente otros árabes, la expulsión por la fuerza, administrativa como la que está ocurriendo en Jerusalén, o la económica Cisjordania y Gaza, junto con su corolario de integrar a inmigrantes de todo pelaje pero que aceptasen las reglas racistas del Estado de Israel forman parte de un todo.

Un ‘socio’ no leal

Era una utopía palestina su reclamo de un Estado, dos naciones de los años ochenta, como después la quimera de la jerarquía de la posteriormente Autoridad Palestina, de dos Estados para dos naciones, con su firma de los Acuerdos de Oslo, donde no se impedía la ampliación de colonias y nuevos asentamientos. Los Gobiernos israelíes no han sido nunca un ‘socio’ leal en las negociaciones, no había una racionalidad pacificadora dado su proyecto político mesiánico fundamentalista. Los diversos Gobiernos israelíes han ‘vendido’ supuestos planes que las cancillerías y medios de comunicación occidental han considerado generosos hacia los palestinos consistentes en legitimar la ocupación post guerra de 1967.

Si por parte de los Laboristas-Likud se admite que existen los ‘palestinos’ separados del conjunto de los ‘árabes’ es para negarles a continuación que sean un sujeto político con derechos. Mientras tanto, la complicidad occidental, empezando por los Estados Unidos, pero también por la Unión Europea, antigua o ampliada, las corrientes políticas, sean las Internacionales Socialista y demás o la de los sindicatos, FIFA, Eurovisión aceptan la determinación sionista de demudar Palestina en el Gran Israel.

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